El cuidado del cabello es, de largo, el tema sobre el que más hemos escrito en El Rincón de Ika desde 2014: champús, mascarillas, planchas, alisados, salones y unas cuantas decepciones. Esta guía ordena todo lo aprendido en una sola página, contrastado con lo que dice la investigación dermatológica y con enlaces a las pruebas que hemos hecho de verdad. No hay milagros aquí; hay método. Empieza por entender cómo funciona el pelo y el resto de decisiones —cuánto lavar, cómo secar, cuándo preocuparse por la caída— caen por su propio peso.
Cómo funciona el pelo (y por qué cambia lo que haces con él)
Cada pelo nace en un folículo que trabaja por ciclos. Según la revisión de fisiología capilar de StatPearls (NCBI), ese ciclo tiene tres fases: anágena (crecimiento, que puede durar varios años), catágena (transición, unas semanas) y telógena (reposo, al final de la cual el pelo se desprende para dejar sitio a otro). Como los folículos no van sincronizados, perder pelos cada día es normal: son los que terminan su ciclo.
La fibra que vemos —el tallo— tiene tres capas: la cutícula, formada por células planas que se solapan como tejas y protegen el interior; el córtex, que es la mayor parte de la fibra y determina su resistencia, textura y color; y, en los cabellos más gruesos, una médula central. Esta anatomía explica casi todo lo que viene después: lo que se ve como brillo o sequedad es el estado de la cutícula, y lo que se nota como fuerza o rotura es el córtex. El tallo no está vivo, así que ningún producto lo «cura»: los cosméticos capilares actúan sobre su superficie, protegen, alisan o rellenan temporalmente, como explica la revisión Hair cosmetics: an overview (International Journal of Trichology, 2015). Lo que sí está vivo es el folículo, y por eso la salud del cuero cabelludo y del organismo se nota en el pelo nuevo, no en el que ya ha crecido.
Lavar: champú y acondicionador sin mitos
El champú limpia el cuero cabelludo; el acondicionador cuida el largo. Parece obvio, pero la mitad de los problemas de pelo «graso» o «seco» vienen de invertirlo. La revisión dermatológica Shampoo and Conditioners: What a Dermatologist Should Know? (Indian Journal of Dermatology, 2015) describe el champú como una mezcla de detergentes, acondicionadores, espesantes, reguladores de pH y conservantes cuya función principal es limpiar la piel del cuero cabelludo y el pelo, y el acondicionador como el producto que mejora la manejabilidad, reduce la electricidad estática y aporta brillo. De ahí salen tres reglas prácticas:
- La frecuencia la marca tu cuero cabelludo, no un calendario. Si a las 24 horas está graso, lavar a diario con un champú suave no daña nada; si aguanta tres días, no hay motivo para forzarlo.
- El champú se aplica en la raíz y se masajea con las yemas, nunca con las uñas. La espuma que baja al aclarar limpia los largos de sobra.
- El acondicionador va de medios a puntas, y se aclara bien. En la raíz solo aporta peso. Si tienes el pelo fino y notas que los acondicionadores te lo apelmazan, prueba con uno ligero como el que analizamos en la review de la gama Elvive Color-Vive.
Sobre la caspa, conviene saber que no es «pelo sucio». La revisión Seborrheic Dermatitis and Dandruff (2015) la sitúa en el mismo espectro que la dermatitis seborreica: influyen las secreciones sebáceas, la colonización por hongos de la piel y la susceptibilidad de cada persona. Un champú anticaspa de farmacia usado con constancia suele bastar; si hay picor intenso, placas o enrojecimiento, es cosa del dermatólogo.
En cuanto a champús concretos, en la revista hemos probado de todo: el champú Xensium Nature con quinina, uno de los más buscados por nuestras lectoras; el champú de cebolla de Babaria; el champú protector Golden Protein de Tahe, y el champú de henna para castañas de Corpore Sano. En todas las reviews contamos qué esperábamos y qué pasó de verdad.
Secar y peinar sin romperlo
Aquí la ciencia da una sorpresa. Un estudio publicado en Annals of Dermatology (2011) sometió mechones a 30 ciclos de lavado y secado en cinco condiciones: sin secador (a temperatura ambiente) y con secador a 15, 10 y 5 centímetros. La superficie del pelo se dañaba más cuanto más alta era la temperatura, como cabía esperar; pero el daño en la membrana celular interna apareció solo en el grupo secado al aire, y la conclusión de los autores fue que usar el secador a unos 15 cm y en movimiento continuo daña menos que dejar que el pelo se seque solo. Un matiz que hay que contar entero: la pérdida de humedad se observó en todos los grupos tratados, pero las diferencias entre ellos no fueron estadísticamente significativas, y a 95 °C (secador pegado) el color se aclaraba en apenas diez usos. Traducido: secador sí, pero a distancia, templado y sin quedarse quieto en un punto.
Con las planchas y tenacillas la regla es la misma multiplicada: temperatura la mínima que funcione en tu pelo, siempre sobre pelo seco y siempre con un protector térmico entre la placa y la fibra. Probamos el protector térmico bifásico de Steinhart y, para viajes, comparamos las mejores planchas de viaje. Y un detalle que se olvida: el pelo mojado es más frágil, así que desenredar en húmedo pide un cepillo pensado para ello, como el cepillo antitirones de Casalfe que testamos, y siempre de puntas a raíz.
Los peinados que tiran merecen párrafo propio. La revisión Traction alopecia: the root of the problem (2018) describe cómo el uso frecuente de moños y coletas tirantes, las extensiones y las trenzas muy apretadas producen una alopecia por tracción que, si se mantiene el hábito, puede volverse cicatricial e irreversible. No hace falta renunciar al moño: hace falta aflojarlo, cambiar de altura y darle días libres a la línea del pelo.
Color, alisados y otros tratamientos químicos
Decolorar, teñir con oxidante o alisar químicamente son procesos que abren la cutícula y modifican el córtex; la revisión de cosmética capilar citada arriba los sitúa entre los tratamientos que más alteran la fibra, y por eso exigen después una rutina de reparación (mascarillas con proteínas, menos calor, más espaciado entre procesos). No es un motivo para no hacerlos: es un motivo para hacerlos bien y con cabeza.
- Color. Antes de elegir, te ayuda saber qué color de pelo te favorece según tu tono de piel. Si buscas un cambio sin compromiso, probamos el tinte temporal Washout de L’Oréal; si prefieres teñir en casa con un producto respetuoso, el tinte de Mix Profesional. Y si lo tuyo son las mechas, aquí tienes qué saber antes de pedir un balayage.
- Alisados con keratina. Los hemos probado en salón y en casa: el alisado brasileño Keratimask Golden Liss para rubios, el alisado Kativa Keratin en casa y el kit de mantenimiento post-liso de Be Natural. Lo importante: preguntar siempre por la composición y no encadenar un alisado con una decoloración.
Sol, agua y estaciones: el calendario del pelo
El sol daña el pelo de forma medible. El trabajo UV damage of the hair (Collegium Antropologicum, 2008) explica que la exposición solar excesiva es la causa más frecuente de deterioro estructural del tallo: la radiación UVB degrada las proteínas del pelo y la UVA altera el color, y la melanina actúa como filtro natural (por eso los cabellos claros y los decolorados sufren más). La protección pasa por lo obvio —sombrero, sombra— y por productos capilares con filtros UV. Tenemos una guía específica sobre cómo afecta el sol al cabello.
Y luego está la caída de otoño, que tiene explicación científica. Un estudio de la Universidad de Zúrich publicado en Dermatology (2009) analizó tricogramas de 823 mujeres sanas y encontró una periodicidad anual: la proporción máxima de pelos en fase telógena (los que están a punto de caer) se da en verano, con un segundo pico menor en primavera y el mínimo a finales del invierno. Como el pelo telógeno tarda unas semanas en desprenderse, la caída se nota en septiembre y octubre. Es fisiológica y se recupera sola; lo que sí ayuda es no sumarle agresiones justo entonces. Nuestro decálogo del cuidado del cabello en otoño va de eso.
Caída del cabello: cuándo es normal y cuándo ir al dermatólogo
La caída difusa más frecuente se llama efluvio telógeno. Según la revisión Telogen Effluvium: A Review (Journal of Clinical and Diagnostic Research, 2015), aparece tres o cuatro meses después de un desencadenante —una enfermedad con fiebre, un parto, una cirugía, una dieta muy restrictiva, un estrés fuerte— y es más habitual en mujeres. La misma revisión insiste en que ver más pelo en el cepillo no dice por sí solo la causa: hay que buscarla con la historia clínica y, si procede, con análisis que descarten problemas endocrinos, nutricionales o autoinmunes. Es decir, una caída que dura más de unos meses, que deja zonas clareadas o que viene con otros síntomas es motivo de consulta, no de comprar otro champú.
Sobre dieta y suplementos hay que ser muy claros, porque es donde más humo se vende. La revisión Diet and hair loss (Dermatology Practical & Conceptual, 2017) concluye que las deficiencias nutricionales documentadas deben corregirse, pero que no hay evidencia de que suplementarse sin un déficit demostrado beneficie al pelo, y advierte de que algunos suplementos pueden incluso empeorar la caída o resultar tóxicos. Antes de comprar cápsulas: analítica y criterio médico.
En la revista hemos contado nuestra experiencia con varios productos anticaída de uso tópico, siempre con los pies en el suelo: la loción revitalizante anticaída de Dercare, el sérum Grow Abundant de Pantene probado en pleno posparto y el dispositivo capilar HR10 de Dercare. Y si quieres profundizar en las causas, tenemos un artículo dedicado a las afecciones capilares y la alopecia en mujeres.
Mascarillas, aceites y sérums: qué esperar de verdad
Recuerda lo del principio: el tallo no está vivo. Una mascarilla no «repara desde dentro»; lo que hace, y no es poco, es depositar en la fibra acondicionadores, proteínas hidrolizadas y lípidos que cierran la cutícula, reducen la fricción y devuelven flexibilidad y brillo hasta el siguiente lavado. Por eso funcionan mejor aplicadas sobre el pelo escurrido (no chorreando), de medios a puntas, con el tiempo de exposición que indica el envase y aclaradas del todo. Cuanto más castigado esté el pelo —decoloración, plancha diaria— más notará una mascarilla con proteínas; en pelo fino y sano, una vez a la semana es más que suficiente y pasarse solo lo apelmaza.
Las que mejor nos han funcionado, con sus matices: la mascarilla Gold Protein de Tahe, la mascarilla de reparación y nutrición de Oma Gertrude y, en tratamientos de salón, el Tratamiento de Fuerza de Secretos del Agua junto a su reconstructor Agua de Tierra. Para el encrespamiento, que es cutícula abierta buscando humedad, tienes diez consejos que sí funcionan.
En la peluquería: qué preguntar y qué mirar
Un buen salón pregunta antes de tocar: qué te haces en casa, qué procesos químicos llevas, qué te ha ido mal. Hemos contado experiencias buenas y no tan buenas para que sirvan de referencia: la peluquería Mira Qué Pelos en Torrejón de Ardoz, el tratamiento head spa en Oh la la! de Alcorcón —un masaje de cuero cabelludo que, más allá del placer, deja claro que el cuero cabelludo también es piel y también se cuida— y el texturizador de Secretos del Agua que usan en MP Peluqueros. La pregunta que nunca sobra: «¿qué lleva esto y cuánto tiempo tiene que pasar hasta el próximo proceso?».
La rutina resumida
- Lava cuando tu cuero cabelludo lo pida; champú en la raíz, con las yemas.
- Acondicionador de medios a puntas, siempre.
- Escurre con la toalla sin frotar; desenreda en húmedo de puntas a raíz con un cepillo adecuado.
- Secador a unos 15 cm, templado y en movimiento: daña menos que secar al aire.
- Plancha solo en seco, a la temperatura mínima eficaz y con protector térmico.
- Mascarilla con proteínas si hay procesos químicos o calor frecuente; una vez a la semana si el pelo está sano.
- Moños y coletas sueltos, y no siempre a la misma altura.
- Filtro UV o sombrero en verano; corta las puntas al volver.
- La caída de otoño es normal; si dura más de unos meses o deja claros, dermatólogo.
- Suplementos solo con un déficit demostrado en analítica.
Preguntas frecuentes
¿Es malo lavarse el pelo todos los días?
No, si el cuero cabelludo lo necesita y el champú es suave. El problema no es la frecuencia sino frotar con las uñas, usar agua muy caliente y aclarar mal. Lo que se seca con los lavados frecuentes son los largos, y eso se compensa con acondicionador de medios a puntas.
¿Secar al aire es mejor que usar el secador?
Según el estudio de Annals of Dermatology citado en esta guía, no: el pelo que se dejó secar al aire fue el único que mostró daño en la membrana celular, mientras que el secador a unos 15 cm y en movimiento causó menos daño. Lo que sí daña es el secador pegado y muy caliente.
Se me cae el pelo en otoño, ¿debo preocuparme?
Normalmente no: hay una periodicidad anual documentada en mujeres sanas, con el máximo de pelos en fase de caída al final del verano. Si la caída se prolonga más de unos meses, deja zonas clareadas o coincide con cansancio, cambios de peso u otros síntomas, conviene consultar al dermatólogo y hacerse una analítica.
Fuentes
- Hoover E, Alhajj M, Flores JL. Physiology, Hair. StatPearls, NCBI Bookshelf.
- Gavazzoni Dias MF. Hair cosmetics: an overview. International Journal of Trichology, 2015.
- D’Souza P, Rathi SK. Shampoo and Conditioners: What a Dermatologist Should Know? Indian Journal of Dermatology, 2015.
- Lee Y, Kim YD, et al. Hair shaft damage from heat and drying time of hair dryer. Annals of Dermatology, 2011.
- Sebetić K, et al. UV damage of the hair. Collegium Antropologicum, 2008.
- Kunz M, Seifert B, Trüeb RM. Seasonality of hair shedding in healthy women complaining of hair loss. Dermatology, 2009.
- Malkud S. Telogen Effluvium: A Review. Journal of Clinical and Diagnostic Research, 2015.
- Guo EL, Katta R. Diet and hair loss: effects of nutrient deficiency and supplement use. Dermatology Practical & Conceptual, 2017.
- Billero V, Miteva M. Traction alopecia: the root of the problem. Clinical, Cosmetic and Investigational Dermatology, 2018.
- Borda LJ, Wikramanayake TC. Seborrheic Dermatitis and Dandruff: A Comprehensive Review. Journal of Clinical and Investigative Dermatology, 2015.

