El cuidado del cabello en otoño tiene mala fama por un motivo concreto: cada septiembre y octubre el cepillo se llena más de lo habitual y el desagüe de la ducha parece confirmarlo. Seguimos leyendo los mismos consejos de siempre (levadura de cerveza, agua fría, cortar las puntas «para que se oxigene») y la mayoría no se sostienen. En esta guía he reescrito el decálogo de arriba abajo con lo que dice la investigación dermatológica: por qué se cae más el pelo en otoño, cuándo es normal y cuándo no, y qué diez gestos merecen la pena de verdad. Si quieres el contexto completo, está en la guía completa del cuidado del cabello.
Por qué se cae más el pelo en otoño

Cada pelo nace en un folículo que trabaja por ciclos. Según la revisión de fisiología capilar de StatPearls (NCBI), el ciclo tiene tres fases: anágena (crecimiento, que puede durar varios años y en la que el pelo crece alrededor de un centímetro al mes), catágena (transición, unas semanas) y telógena (reposo). En cualquier momento, entre el 10 % y el 15 % de los pelos del cuerpo están en reposo, y en el cuero cabelludo pueden permanecer así hasta casi un año antes de desprenderse. Como los folículos no van sincronizados, perder pelos cada día es normal: son los que terminan su ciclo.
Lo que hace especial al otoño es que ese reposo tiene estaciones. El estudio más amplio sobre el tema es el de Kunz, Seifert y Trüeb, publicado en Dermatology en 2009: analizaron durante seis años los tricogramas (un recuento al microscopio de en qué fase está cada pelo arrancado de una muestra) de 823 mujeres sanas que consultaban por caída, tras descartar enfermedades y fármacos. Encontraron una periodicidad anual clara: la proporción máxima de pelos en reposo se da en verano, hay un segundo pico menor en primavera y el mínimo llega a finales del invierno. Es un estudio retrospectivo, solo con mujeres y hecho en Zúrich, así que conviene leerlo como lo que es; pero es el primero que lo midió de forma sistemática en un número representativo de personas.
Juntando las dos piezas, el cuadro es este: el pelo que entra en reposo en verano no cae en el acto, sino semanas o meses después. De ahí que la «caída de otoño» sea, en la mayoría de los casos, la factura del verano y no una enfermedad. El texto que publiqué en 2021 decía que el pelo «muere con mayor intensidad en primavera»; el dato correcto es verano, con la primavera como pico secundario.
Cuándo la caída de otoño no es «de otoño»
Hay una segunda caída que se confunde con la estacional. La revisión de Malkud sobre el efluvio telógeno (Journal of Clinical and Diagnostic Research, 2015) describe la causa más frecuente de caída difusa: un desencadenante (una fiebre alta, una cirugía, un parto, una dieta muy restrictiva, un estrés intenso) empuja a muchos folículos al reposo a la vez, y la caída aparece 3 o 4 meses después. Es decir: lo que te pasa en septiembre puede venir de mayo o junio. La propia revisión advierte de que observar más caída no dice nada de la causa, y que para averiguarla hacen falta historia clínica y análisis que descarten problemas endocrinos, nutricionales o autoinmunes.
Señales para pedir cita con el dermatólogo en vez de esperar a que pase: la caída dura más de tres meses, se ven zonas más claras o entradas, pica o duele el cuero cabelludo, o hay otros síntomas (cansancio, cambios de peso, reglas irregulares). En el artículo sobre alopecia y caída del cabello en mujeres explico los tipos que existen y cómo se diagnostican.
Decálogo del cuidado del cabello en otoño

Un aviso antes de empezar: el tallo del pelo, la parte que ves, no está vivo. Como explica la revisión Hair cosmetics: an overview (International Journal of Trichology, 2015), los cosméticos capilares actúan sobre su superficie: protegen, alisan, rellenan temporalmente. Ningún champú ni mascarilla «cura» un pelo dañado ni frena una caída que viene del folículo. Lo que sí puedes hacer en otoño es dos cosas: no añadir rotura a la caída natural y cuidar el cuero cabelludo, que es donde está lo vivo.
- Repara el verano antes de tapar el otoño. El sol es la causa más frecuente de daño estructural del tallo: según Sebetić y colaboradores (Collegium Antropologicum, 2008), la radiación UVB degrada las proteínas del pelo y la UVA, su color, y la melanina protege solo en parte. Septiembre es el mes de la mascarilla nutritiva y de sanear puntas si están abiertas. Lo que hace el sol al pelo lo cuento en detalle en cómo afecta el sol al cabello.
- Corta las puntas por lo que es, no por lo que no es. Sanear elimina puntas abiertas y hace que el largo se vea más sano. No «fortalece», no «oxigena» y no acelera el crecimiento: el tallo no tiene células vivas que reaccionen al corte.
- Lava según tu cuero cabelludo, no según el calendario. Con la vuelta a la rutina, el gorro y la calefacción, el cuero cabelludo cambia. Si a las 24 horas está graso, lavar a diario con un champú suave no daña nada; si aguanta tres días, no lo fuerces. El champú va en la raíz, con las yemas; la espuma limpia el largo al aclarar. El champú en seco sirve para alargar un día, no para sustituir el lavado.
- Seca con secador, pero bien. Es la sorpresa del decálogo. Lee y colaboradores (Annals of Dermatology, 2011) sometieron mechones a 30 ciclos de lavado y secado: al aire, y con secador a 15, 10 y 5 centímetros (47, 61 y 95 ºC). El daño superficial creció con la temperatura, pero el secador a 15 cm y en movimiento continuo dañó menos que dejar secar al aire, que fue el único método que alteró la estructura interna de la fibra. Matiz importante: la humedad bajó en todos los grupos tratados, pero las diferencias entre ellos no fueron estadísticamente significativas. Traducción práctica: secador a un palmo, moviéndolo siempre, sin pegarlo al pelo.
- Con plancha y tenacillas, protector térmico siempre. En el mismo estudio, el grupo a 95 ºC (el secador pegado) fue el que más dañó la superficie y el que más cambió el color, ya a los diez ciclos. Una plancha trabaja por encima de esa temperatura. Si las usas, baja la temperatura, no repitas pasadas y usa un protector; en su día probé el protector térmico de Steinhart.
- Desenreda de puntas a raíz y sin tirones. El objetivo del otoño es no añadir rotura a la caída. Empieza por las puntas, sube por tramos y no pases el cepillo «a través» de un nudo. Los aceites capilares en medios y puntas ayudan a que el peine deslice.
- Afloja los peinados. Coleta y moño tirantes a diario, extensiones y trenzas apretadas son, según la revisión de Billero y Miteva (Clinical, Cosmetic and Investigational Dermatology, 2018), los peinados de mayor riesgo de alopecia por tracción, que en fases avanzadas puede volverse cicatricial, es decir, irreversible. El riesgo crece con la fuerza y la duración de la tracción. La revisión se centra sobre todo en mujeres afrodescendientes, en las que afecta a una de cada tres, pero el mecanismo es el mismo para cualquier melena que viva sujeta.
- Masajea el cuero cabelludo, con expectativas realistas. El estudio que más se cita (Koyama y colaboradores, Eplasty, 2016) encontró que cuatro minutos diarios de masaje estandarizado durante 24 semanas aumentaron el grosor del pelo (de 0,085 a 0,092 milímetros). Los matices pesan: fueron nueve hombres japoneses, tres de los autores trabajaban para una empresa de cosmética capilar y no se demostró que creciera más pelo, solo más grueso. Lo que sí es falso es que el masaje «haga llegar los nutrientes de la mascarilla a la raíz»: los cosméticos no viajan por el tallo hasta el folículo. Si te relaja, adelante; no esperes milagros.
- No compres suplementos «para la caída» sin análisis. La revisión de Guo y Katta sobre dieta y caída (Dermatology Practical & Conceptual, 2017) es clara: si hay un déficit documentado (hierro, vitamina D, zinc…), hay que corregirlo; pero sin déficit no existe evidencia de que suplementar ayude, y algunos suplementos conllevan riesgo de empeorar la caída o de toxicidad. La levadura de cerveza y las «vitaminas para el pelo» del texto de 2021 se caen por eso. Come variado y, si la caída te preocupa, pide una analítica antes que un bote. Si lo que buscas es un champú de apoyo, en la review del champú Xensium Nature con quinina y en la del dispositivo capilar HR10 de Dercare cuento mi experiencia real.
- Prepara ya el invierno. Gorros, bufandas y calefacción resecan cuero cabelludo y largos y cargan el pelo de electricidad estática. Alterna el gorro con forro de tejido suave, no lo pongas con el pelo mojado y sube un punto la hidratación de las mascarillas a partir de noviembre. Tengo los consejos concretos en el especial de cuidado del cabello en invierno.
Lo que no está en el decálogo (y por qué)
- El aclarado con agua fría. Se repite en todas partes y no he encontrado ningún estudio que demuestre que «cierre la cutícula» o refuerce nada. Si te gusta la sensación, no hace daño; pero no cuentes con ello.
- Los cepillos de cerdas naturales «que activan la circulación». Sin evidencia. Elige el cepillo por cómo desenreda tu tipo de pelo.
- La cifra de «50 a 100 pelos al día». Aparece en todos los artículos y en ninguna de las fuentes que he leído. Lo honesto es decir que perder pelos cada día es normal y que lo que cuenta es el cambio respecto a lo habitual en ti.
Si además del otoño notas que el pelo ha cambiado con los años (más fino, más apagado, más lento), en cómo se refleja la edad en el cabello hablo de eso; y si estás pensando en cambiar de color antes del invierno, mira primero qué color de pelo te favorece según tu tono de piel.
Preguntas frecuentes sobre el cuidado del cabello en otoño
¿Es normal que se me caiga más el pelo en septiembre y octubre?
Sí, en la mayoría de los casos. El estudio de Kunz y colaboradores con 823 mujeres encontró que la proporción de pelos en reposo es máxima en verano; esos pelos se desprenden semanas o meses después, en otoño. Deja de ser normal si dura más de tres meses, si aparecen zonas claras o si hay otros síntomas: entonces toca dermatólogo.
¿Sirven las vitaminas o la levadura de cerveza para frenar la caída de otoño?
Solo si tienes un déficit demostrado con análisis. Sin déficit, la revisión de Guo y Katta (2017) no encuentra evidencia de beneficio y advierte de que algunos suplementos pueden empeorar la caída o ser tóxicos.
¿Es mejor secar el pelo al aire en otoño?
No necesariamente. En el estudio de Lee y colaboradores (2011), el secador a 15 centímetros y en movimiento continuo dañó menos la fibra que el secado al aire, aunque las diferencias de humedad entre métodos no fueron estadísticamente significativas. Lo que sí daña es el calor pegado al pelo y la plancha sin protector.
Fuentes
- Hoover E, Alhajj M, Flores JL. Physiology, Hair. StatPearls, NCBI Bookshelf.
- Kunz M, Seifert B, Trüeb RM. Seasonality of hair shedding in healthy women complaining of hair loss. Dermatology, 2009.
- Malkud S. Telogen Effluvium: A Review. Journal of Clinical and Diagnostic Research, 2015.
- Gavazzoni Dias MF. Hair cosmetics: an overview. International Journal of Trichology, 2015.
- Sebetić K, et al. UV damage of the hair. Collegium Antropologicum, 2008.
- Lee Y, et al. Hair shaft damage from heat and drying time of hair dryer. Annals of Dermatology, 2011.
- Billero V, Miteva M. Traction alopecia: the root of the problem. Clinical, Cosmetic and Investigational Dermatology, 2018.
- Koyama T, et al. Standardized Scalp Massage Results in Increased Hair Thickness by Inducing Stretching Forces to Dermal Papilla Cells in the Subcutaneous Tissue. Eplasty, 2016.
- Guo EL, Katta R. Diet and hair loss: effects of nutrient deficiency and supplement use. Dermatology Practical & Conceptual, 2017.

