SEXTO CAPÍTULO. EL ADIÓS QUE CAMBIÓ MI VIDA

facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

MariaenLaLunaTEXTO MARÍA EN LA LUNA. Viernes por la tarde, tenía clase pero sabía que esas horas lectivas serían perdidas. A las diez de la noche tenía que recoger en la estación de tren a mi nuevo amigo raro, aquel que me hizo subir al cielo con tan sólo un beso. Dijo que tenía pensado ir a ver a su hermano, que vivía allí, en Barcelona, y de paso nos podíamos ver.

Aquel fin de semana, en el que vimos a su hermano una noche, y su maleta no salió de mi casa, representa a la perfección la relación que posteriormente duraría un año y medio, de verdad, y no sabría contar los años que alargamos con mentiras.

Nos divertimos mucho el viernes hablando hasta altas horas de la madrugada, pero en vez de en un coche prestado en el sofá de mi casa. El sábado invitamos a su hermano a cenar. Él y yo compartíamos la afición de la lectura y la poesía lo que, acompañado de unas botellas de vino, transformó la luz de la luna en tenue, agradable. Después de escuchar música y divagar sobre la vida nos bajamos los tres a tomar una copa al barrio Gótico.

Aquel fin de semana descubrí que mi nuevo amigo se transformaba con el alcohol y no recuerdo por qué pero llegó el primer volcán en erupción. A la mañana siguiente debía recoger sus cosas e irse de mi casa, así se lo hice saber antes de acostarnos.
Él dormía en el Zulo, habitación minúscula con dos camas y dos puertas. Una de ellas le conectaba con mi habitación. Y fue en el Zulo donde pasamos los mejores momentos de nuestra relación.

Recuerdo su primer cumpleaños juntos. Cumplía los 30. Debajo de una de las camas de esa habitación se escondían las dos copas, que al llegar del teatro y meternos en la cama, acompañarían a un benjamín de cava, una tarta, dos velas, la oscuridad y a las lágrimas que derramó mientras yo intentaba entonar, más mal que bien, el Cumpleaños Feliz.

El domingo me despertó a propósito con el ruido de una puerta. Me susurraba que le ayudara hacerme comprender y poder callar mi resentimiento. Fue un despliegue de explicaciones, una conversación de horas que terminó por engatusar tanto a mi corazón como a mi cuerpo. Aquella lengua envenenada, de pasión, me regaló un día perfecto.

Ya en la estación, por la noche, cuando iba a coger el tren de vuelta a Valencia, le pedí que no lo hiciera… una sonrisa, copada por una mirada de ternura, significó una de las noches más románticas y gratificantes de mi vida.

Él me conquistaba con su risa y su conversación divertida, mientras yo le enseñaba cosas….algunas andando y otras hablando. Dimos un paseo por las Ramblas, nos sentamos en el suelo a escuchar emocionados un tributo al gran Sylvio Rodríguez; después le llevé al Bosc de les Fades, donde nos contamos quiénes éramos y de dónde veníamos; la velada acabó con la vuelta a casa y un nuevo sueño.

Pasaron los meses, compartimos momentos irrecuperables, sencillos y a lo grande. Sin embargo, no todo era de color de rosa. Había momentos en que dudaba de si el sevillano, mi anterior ‘príncipe’, había salido de ‘Las Mareas’. Comprendí que nunca más iniciaría una relación sin haber superado la última.

Fue su comprensión ante una situación tan rocambolesca, ya que prácticamente compartíamos, no sólo los sueños, sino la vida, lo que terminó de enamorarme.

“No te preocupes Amor, hasta que tú te llenes de mí yo aportaré amor por dos”, me acariciaba mientras la culpabilidad derramaba mis lágrimas. Yo no podía controlarlo, quería quererle pero estaba bloqueada.

Y ahí, con el corazón abierto sudando a mares, comenzó el fin del principio de mi siguiente capítulo.

Cuando me enamoro me hago vulnerable y eso no atrae a nada ni a nadie, aunque lo importante es que no me atrae a mí y termino creyéndome que no merezco el amor que me dan. Algo de lo que no he sido consciente hasta hace muy poco.

Ese hombre tenía todo lo que quiero en una pareja y me enseñó todo de lo que tenía que huir. La pasión siempre estuvo presente y las idas y venidas a lo largo del tiempo avivaron nuestro rencor y nuestro dolor.

Nueva prueba de lo mucho que me cuesta desarraigarme de un sentimiento tan placentero y de lo mucho que me resiento antes de aceptar un ‘NO PUEDE SER’. Termino sintiéndome víctima cuando comencé subida en el atril del triunfo.

El año y medio de después de dejarlo me convertí en una sombra de mi realidad. La autoestima sobre mi veracidad del amor se había visto dañada, y fue gracias a mi primera etapa de terapia cognitiva conductual, a desdramatizar las anécdotas, a dejar de lado las preocupaciones y a tener en cada momento el capricho que deseaba lo que fomentó el antídoto a la tristeza.

El kokotxas vasco, como me gustaba llamarle a aquel maravilloso chalado de lengua envenenada, debió percibirlo porque de nuevo intentó conquistarme….y yo me dejé. Y por supuesto, fracasó. Así, y al revés, un millón de veces…

¿Tres fracasos míos o la realidad en estado puro? Me ha costado muchos años responder esa pregunta.

Mensaje: EL NIDO

No me dejas volar, 

no abandonas el nido
que un día construiste con la venganza
enfermada de la inseguridad de tus alas.

Ya no estás,
ya no vuelvas
con libertad, te ahogas por segundos
de claridad que hoy me duelen al despertar.

María en la Luna

facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

You may also like...

2 Responses

  1. Blanca dice:

    Aun conociendo la historia de primera mano, a ese “chalado” que me encanta (o encantaba), y las miles de idas y venidas… me encanta leerte, enganchas!!! tu vida, tus historias y tus locuras que casi nadie entiende, ENGANCHAN Y TRANSMITEN. Gracias por abrir tu corazón y mostrarnos esa maravilla que guardas en el

  2. María en la Luna dice:

    Te quiero….eres mi otra mitad, la única que ha logrado entenderme, aún sin compartir algunas cosas….conoces mi esencia y por eso te quiero más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *